Los buenos propósitos

Estos días todo el mundo anda dándole vueltas a su lista de propósitos para el 2014. Algunos incluso tienen dos o tres listas, ya que acumulan metas que se quedaron pendientes el año anterior.
Si eres de las les gusta cumplir con lo que se propone, pregúntate primero si tus propósitos cumplen los requisitos necesarios para ser unos buenos propósitos.

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Más allá de la voluntad y las buenas intenciones, un propósito es aquello que se pretende conseguir. Sin embargo, si un propósito no está bien planteado, puede pasar a convertirse en una meta frustrante, inalcanzable o, lo que es aún peor, una meta aburrida.

Los buenos propósitos son aquellos que nos motivan, nos ayudan a crecer y nos hacen felices durante el camino y en el momento de su consecución.

Si todavía no has hecho tu propia lista o estás dispuesta a darle una vuelta, te recomiendo que revises si tus propósitos cumplen las condiciones para ser «de los buenos»:

Propósitos concretos: ¿Puedes poner tu propósito por escrito sin que ocupe más de una línea? Entonces tienes un propósito. De lo contrario, tendrás una serie de ideas confusas y poco maduras como para convertirse en un objetivo viable y real.

Propósitos renovados: Si en la lista de este año aparece por cuarta vez el clásico “aprender inglés”, deberías plantearte algo: o te cambias de país y (esta vez sin remedio) aprendes el idioma, o renuevas tu propósito. Aprender a cocinar sushi, aprender a bailar claqué… ¿aprender chino? Cualquier cosa que te motive y que creas que se te puede dar bien.

No demasiados propósitos: A veces el propósito más importante es no hacerse más  propósitos de la cuenta. Aunque pueda parecer un signo de ambición, una lista demasiado larga casi siempre nace de la pereza o la desgana a la hora de marcarnos metas desde un punto de vista consciente y real.

Ah, y una últimas cosa. Los buenos propósitos, igual que muchas otras cosas buenas, también requieren su tiempo. Dicho de otra manera, no vale hacer una lista y pensar en ella sólo durante la primera semana del año. Los buenos propósitos nos deben acompañar hasta que se conviertan en aquello para lo que fueron ideados: una vida (aún) mejor que la del año anterior. 

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