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Donde nace el estilo

Nuestra imagen es un reflejo del interior. A través de la mirada, la postura y, por supuesto, a través de nuestras acciones, es posible adivinar el tipo de persona que somos.

Trabajar la imagen personal tiene muchas ventajas. Se trata de un activo que puede influir positivamente en los negocios, en nuestra relación con los demás y en la forma en que nos percibimos a nosotros mismos, por eso, es importante cuidarla y prestarle la atención que se merece. Cuando llegamos a un sitio por primera vez, todo lo que se ve de nosotros comunica: nuestro cuerpo, nuestra manera de vestir, la risa, el tono de voz, nuestros gestos… Cinco minutos pueden ser suficientes para captar el estilo de una persona. Estas impresiones pueden sonar como algo muy superficial. Siempre que hablamos de estilo parece que nos estamos refiriendo a la envoltura, a lo superfluo, a algo fácilmente accesible. Sin embargo, el origen del estilo está dentro, allí donde se definen nuestros valores y reside la personalidad. Existen múltiples herramientas que nos ayudan a construir una buena imagen personal. El asesoramiento de imagen, el estilismo o el trabajo de la comunicación verbal y no verbal son algunas de ellas. Técnicas y conocimientos de gran utilidad a través de las que un profesional puede guiarnos para ayudarnos a mejorar. Soy de las que piensa que la voluntad es una de las armas más poderosas con las que contamos para superarnos cada día. Sin embargo, en cuestión de estilo, el cambio requiere un trabajo más profundo. Ser una persona coherente, leal, empática, cordial y respetuosa con una misma y con el entorno son las bases de una personalidad que no deja indiferente a nadie. En otras palabras, podríamos decir que son las características que definen a una buena persona.

Es fácil reconocer el brillo especial de las buenas personas. Por eso, lo mires como lo mires, ser buena persona es siempre una ventaja.

Las buenas personas siempre se rodean de buenas personas. Además, no necesitan perseguir a nadie, porque poseen una especie de imán que atrae a los demás. En cuanto a su estilo, no tienen que hacer grandes esfuerzos por comunicar algo que no son. Dejar que su imagen personal refleje su personalidad o la potencie es suficiente para marcar la diferencia. Me viene a la cabeza Audrey Hepburn, como ejemplo de un estilo verdaderamente atrayente y belleza natural. Ella no necesitó medir 1’80 centímetros ni hacer grandes esfuerzos para convertirse en un icono imitado por todas. Su personalidad y su estilazo no eran más que un reflejo, y de ahí su autenticidad. Durante los últimos años de su vida, Audrey Hepburn pasó largas temporadas en África como embajadora de buena voluntad de Unicef y llevando a la práctica su labor solidaria. Desde aquí, os animo a todas/os a seguir trabajando por nuestra imagen personal y creer en nuestra capacidad de ser cada día un poco mejores. Es la forma más eficaz de conseguir que nuestro estilo deje una huella de las que marcan de verdad.

Desde aquí, os animo a todas/os a seguir trabajando por nuestra imagen personal y creer en nuestra capacidad de ser cada día un poco mejores. Es la forma más eficaz de conseguir que nuestro estilo deje una huella de las que marcan de verdad.

Nuestra imagen es un reflejo del interior. A través de la mirada, la postura y, por supuesto, a través de nuestras acciones, es posible adivinar el tipo de persona que somos.

Trabajar la imagen personal tiene muchas ventajas. Se trata de un activo que puede influir positivamente en los negocios, en nuestra relación con los demás y en la forma en que nos percibimos a nosotros mismos, por eso, es importante cuidarla y prestarle la atención que se merece. Cuando llegamos a un sitio por primera vez, todo lo que se ve de nosotros comunica: nuestro cuerpo, nuestra manera de vestir, la risa, el tono de voz, nuestros gestos… Cinco minutos pueden ser suficientes para captar el estilo de una persona. Estas impresiones pueden sonar como algo muy superficial. Siempre que hablamos de estilo parece que nos estamos refiriendo a la envoltura, a lo superfluo, a algo fácilmente accesible. Sin embargo, el origen del estilo está dentro, allí donde se definen nuestros valores y reside la personalidad. Existen múltiples herramientas que nos ayudan a construir una buena imagen personal. El asesoramiento de imagen, el estilismo o el trabajo de la comunicación verbal y no verbal son algunas de ellas. Técnicas y conocimientos de gran utilidad a través de las que un profesional puede guiarnos para ayudarnos a mejorar. Soy de las que piensa que la voluntad es una de las armas más poderosas con las que contamos para superarnos cada día. Sin embargo, en cuestión de estilo, el cambio requiere un trabajo más profundo.

Ser una persona coherente, leal, empática, cordial y respetuosa con una misma y con el entorno son las bases de una personalidad que no deja indiferente a nadie. En otras palabras, podríamos decir que son las características que definen a una buena persona.

Es fácil reconocer el brillo especial de las buenas personas. Por eso, lo mires como lo mires, ser buena persona es siempre una ventaja. Las buenas personas siempre se rodean de buenas personas. Además, no necesitan perseguir a nadie, porque poseen una especie de imán que atrae a los demás. En cuanto a su estilo, no tienen que hacer grandes esfuerzos por comunicar algo que no son. Dejar que su imagen personal refleje su personalidad o la potencie es suficiente para marcar la diferencia. Me viene a la cabeza Audrey Hepburn, como ejemplo de un estilo verdaderamente atrayente y belleza natural. Ella no necesitó medir 1’80 centímetros ni hacer grandes esfuerzos para convertirse en un icono imitado por todas. Su personalidad y su estilazo no eran más que un reflejo, y de ahí su autenticidad. Durante los últimos años de su vida, Audrey Hepburn pasó largas temporadas en África como embajadora de buena voluntad de Unicef y llevando a la práctica su labor solidaria.

Desde aquí, os animo a todas/os a seguir trabajando por nuestra imagen personal y creer en nuestra capacidad de ser cada día un poco mejores. Es la forma más eficaz de conseguir que nuestro estilo deje una huella de las que marcan de verdad.

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